César Lombroso fue un personaje interesante y con gran peso en la historia ya que fue el fundador de la Antropología Criminal. La doctrina lombrosiana influyó en la medicina, el derecho, la educación e incluso la literatura, y para bien o para mal, actualmente sigue habiendo reminiscencias.

Nació en Verona en 1835 en el seno de una familia acomodada. Desde muy joven demostró su ingenio, publicando su primera obra a los quince años, un tratado sobre la Historia de Roma. Pero fue en el campo de la Antropología y la Psiquiatría donde demostró un verdadero interés, y por lo que sería mundialmente conocido.

Se graduó en Medicina en 1858 por la Universidad de Pavía, pero el doctorado del Estado Lombardo no era reconocido por el Piamonte y dado que Lombroso pensaba alistarse enseguida como médico militar en el Ejército piamontés, revalidó su título en 1859 en la Universidad de Génova.

Durante su período militar (1859-1866) no abandona su actividad científica, y comienza a trabajar con enfermos mentales en un Hospital de Pavía, donde inició su carrera en la Medicina Legal, y publica “Fragmentos médico-psicológicos” en el cual realiza un estudio sistémico de los locos y los criminales, comenzando así lo que podría ser la introducción a su famosa obra “El Hombre Delincuente”.
En 1871 reinició sus estudios sobre los criminales, después de haber hecho algún estudio sobre las razas “Estudio sobre razas humanas”, y creyó haber encontrado el nexo de unión entre el delito y la locura: los atavismos. Es en 1876 cuando publica el “Tratado antropológico experimental del hombre delincuente” y expone su teoría; esta obra da comienzo a la Criminología como ciencia.

En Enero de 1880 cunple uno de sus grandes sueños y funda la Revista “Archivo de Psiquiatría, Antropología Criminal y Ciencias Penales para servir al estudio del hombre alienado  y delincuente”. Sus últimos años de vida los pasa sumido en la melancolía y luchando contra la pelagra, le conceden ciertos homenajes a su obra, sobre todo en Inglaterra donde viaja por primera vez en el verano de 1908, y en donde su doctrina tardó en introducirse.
Finalmente muere el 19 Octubre de 1909 y por voluntad expresa de Lombroso se realiza su autopsia en el Instituto de Medicina Legal de Turín.

Bajo las influencias de la Teoría de la Evolución de Darwin, y las ideas del zoólogo alemán Haeckle, Lombroso establece toda su doctrina; en base a sus estudios desarrolla la Teoría del Delincuente Nato, que ve en el mismo a un ser atávico, perteneciente a estratos evolutivos ya superados del género humano. Lombroso utiliza la Selección Natural para explicar la supervivencia de los rasgos primitivos que caracterizan a dichos delincuentes, tales como senos frontales pronunciados, mandíbulas voluminosas, etc. El objetivo final de su trabajo sería poder llevar a cabo detenciones preventivas, es decir, retener a los criminales antes de que cometiesen un delito.
Lombroso diferencia entre “Tipo Criminal” y “Grupo de Delincuentes”, y además conviene señalar las diferencias entre el concepto de Tipo Delincuencial y Grupo Delincuencial. En cada Grupo Delincuencial (ladrones, asesinos, estafadores…) puede haber distintos Tipos Delincuenciales (Natos, Pasionales, etc.). Por el contrario, pueden estar representados en cada Tipo Delincuencial los diferentes Grupos de Delincuentes (por ejemplo, entre los Natos, los homicidas, estafadores…). Distingue los siguientes Tipos Criminales: el Delincuente Nato, el Loco Moral, el Delincuente Epiléptico, el Delincuente Pasional, el Delincuente Alienado y el Delincuente Ocasional.

Más tarde Lombroso fue haciendo correcciones y modificando conceptos en las distintas publicaciones del “Hombre Delincuente”.

Pero, ¿Cuáles eran los caracteres antropológicos del Delincuente Nato?:
La cabeza del delincuente: En cuanto a las medidas craneanas, los valores muestran diferencias insignificantes entre los delincuentes y los que no lo son, tan solo parece deducirse que la altura de la cara es ligeramente mayor en el delincuente que en el resto de la población.

Como no consigue pruebas suficientes de que haya grandes diferencias en las medidas craneanas, a partir de la tercera edición del “Hombre Delincuente” deja de lado estos análisis para centrarse más en las anomalías craneanas, lo que sucede es que Lombroso realiza estudios y llega a conclusiones que a menudo se contradicen, lo que hace difícil un seguimiento coherente de su trabajo. Algunas de las anomalías craneanas estudiadas fueron: el hoyuelo en medio del occipital (a este le concedía gran importancia), la sinostosis precoz (fusión anormal de los huesos que forman una articulación por la proliferación de tejido óseo), la costra frontal hipertrófica, la asimetría craneal y mandíbulas enormes, así como la nariz torva, orejas de soplillo, senos frontales muy pronunciados, órbitas muy grandes y demasiado separadas.

Fotografía representativa de los asesinos, incluída en "Atlas Criminal".
Fotografía representativa de los asesinos, incluida en “Atlas Criminal”.

El cerebro: le dedica menos tiempo que al cráneo, ya que a falta de medidas antropométricas se limita a la mera descripción de anomalías. Su estudio sobre todo se basa en las irregularidades de las circunvoluciones cerebrales, aunque también en el excesivo desarrollo del cerebelo, en la existencia de un opérculo occipital, así como en el peso del cerebro.

El cuerpo: Analiza la estatura, peso y apertura de los brazos. Según sus estudios, el peso medio sería mayor en los delincuentes (algo que personalmente no comprendo, ya que , si pensamos que estos no tendrían una buena calidad de vida y por tanto su alimentación no sería la adecuada, ello conduciría a un bajo peso). En cuanto a la apertura de los brazos, se basa en los datos obtenidos por Lacassagne, en los que ve que en más del 70% de los delincuentes la apertura de los brazos supera a la estatura.

¿Y los Caracteres Biológicos del delincuente?:
– La Temperatura corporal: Lombroso llega a la conclusión, a través de estudios propios y también de otros dos colegas suyos, de que los delincuentes muestran una temperatura algo mayor respecto a los no criminales, y sobre todo que son menos propensos a tener fiebre.

– Pulso y respiración: Mucho más elevada y frecuente en los delincuentes.

También estudia Caracteres Psicológicos, entre los cuales quizá el más relevante es la presencia de tatuajes en los delincuentes, y la región corporal donde aparezcan. Así, en los homosexuales sería frecuente encontrar tatuajes en las nalgas, que, tanto en los temas como en las inscripciones, aluden a la “inversión” sexual del sujeto. En los delincuentes heterosexuales abunda el tatuaje en el bajo vientre y regiones cercanas a los órganos sexuales, normalmente con motivos obscenos. A menudo se da entre los delincuentes la práctica del auto-tatuaje; tal insensibilidad ante el dolor es la que lleva a Lombroso a establecer una conexión entre el tatuaje y la insensibilidad general del delincuente. En cuanto a la temática del tatuaje la mayoría son dibujos sexuales, relativos a la venganza, o también símbolos jeroglíficos, lo que Lombroso pone en conexión con la costumbre paralela de los que él denomina “salvajes”; el tatuaje simbólico tiene una doble función, distinguir al delincuente del que no lo es y la de apuntar hacia el origen atávico de los tatuajes.

Lo curioso de todo esto, es que si nos fijáramos muy bien en el propio Lombroso y estudiásemos los caracteres atávicos que tanto desarrolló en sus trabajos, saldrían resultados muy divertidos. Si nos fijamos en la fotografía que da comienzo al post podemos ver que el padre de la criminología presenta algunas de las características que tanto buscaba entre los delincuentes, tales como una nariz prominente, peso mayor a la media (a juzgar por el rostro), y labios gruesos. Si tuviéramos que fijarnos también en su personalidad, como hacía él en algunos casos en los que no encontraba suficientes caracteres atávicos, podría decirse que su timidez e incapacidad para las relaciones sociales le situarían bastante cerca de lo que él llamaba “apocados de espíritu” que a su vez estaban relacionados con los imbéciles, y por ende con el delincuente.
En resumidas cuentas, probablemente, bajo sus minuciosos estudios ni siquiera se libraría de sí mismo.

No cabe duda de que Lombroso estableció unas ideas innovadoras en el campo de la Antropología y acordes al pensamiento de su época, cosa que hay que tener muy en cuenta a la hora de juzgar sus opiniones. Pero esto no quita que su metodología fuese muchas veces poco científica, la manera de analizar los datos que obtenía en sus experimentos y sobre todo, la interpretación que hacía de ellos es demasiado subjetiva y llena de prejuicios. El hecho de que considerase que podía trazar los caracteres físicos particulares del criminal nato fue lo que le dotó de tanta popularidad en su época, sobre todo entre la alta sociedad. Ahora bien, si se seguían sus teorías se planteaba un problema, si el delincuente no tiene otro destino que serlo, ¿Cómo podríamos juzgarle?, para ello concluye que la pena sería una simple y justa “prevención social”, excepto para aquellos que fueran culpables de delitos naturales, para los cuales la única salida era su eliminación bajo forma de pena capital, idea que fue muy bienvenida entre los partidarios de la pena de muerte, los cuales ya tenían una base “científica” sobre la que apoyarse.

Bibliografía:

Libros.
Landecho, Carlos María. La tipificación lombrosiana de delincuentes 1 Trayectoria humana y doctrinal de Cesare Lombroso. Ed. UNED (2004)

Lombroso, Cesare. Los criminales. Ed. Atlante.

Maristany, Luis. El gabinete del doctor Lombroso (delincuencia y fin de siglo en España). Ed. Anagrama (1973)

Peset, José Luis. Lombroso y la Escuela Positivista italiana. Ed. C.S.I.C. (1975).

Artículos y Revistas.
Límite. Revista de Filosofía y Psicología. La Antropología Criminal de Lombroso como puente entre el Reduccionismo biológico y el Derecho penal. Verónica da Re, Sandra Maceri. (Vol. 3, Nº 17 y 18, 2008).

Frenia. Revista de Historia de la Psiquiatría. Los anarquistas españoles y la criminología de Cesare Lombroso (1890-1914). Álvaro Girón, Instituto de Historia. C.S.I.C. (Vol. II-2-2002).

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