Hace un par de años se publicó un estudio paleoclimático capitaneado por la científica J. Pongratz para el Instituto Carnegie. Dicho estudio consistió en calcular si determinados hechos históricos como las guerras y las epidemias han podido ayudar en la disminución de la concentración atmosférica de CO2. Esta hipótesis se basa en que algunos acontecimientos supusieron unos cambios demográficos bruscos que llevaron a abandonar tierras cultivadas en las que volvió a crecer vegetación que absorbió más dióxido de carbono.

Según Pongratz, se cree equivocadamente que el impacto humano en el clima comenzó cuando se empezaron a quemar carbón y petróleo a gran escala en la era industrial. De hecho, los humanos empezaron a influenciar en el ambiente hace miles de años al cambiar la cubierta vegetal, cuando talaban bosques para convertirlos en terrenos agrícolas. La tala de árboles libera dióxido de carbono a la atmósfera cuando estos se queman o se pudren. El aumento de este gas como consecuencia de la deforestación se puede detectar en los testigos de hielo extraídos en perforaciones en Groenlandia y la Antártida (debido a que estos núcleos de hielo tienen la capacidad de asumir el carbono en bosques en crecimiento o tierras de cultivo abandonadas). Sin embargo, durante épocas de alta mortalidad, por guerras o plagas, se abandonaron superficies cultivadas o dedicadas a la ganadería y los bosques volvieron a ganar terreno.

Se ha hipotetizado con que estos eventos históricos han contribuido a un aumento significativo en las reservas de carbono de la tierra. Nos encontramos con que el rebrote lento y las emisiones de retraso de la cubierta vegetal de la tierra en el pasado, fueron el cambio para permitir un pequeño aumento del almacenamiento de carbono de la biosfera de la tierra sólo durante eventos de larga duración; Pongratz lo ha demostrado reconstruyendo la cubierta vegetal mundial desde el 800 D.C hasta el presente y ha modelado el ciclo del carbono para el mismo período de tiempo, con el fin de probar como una serie de acontecimientos históricos han podido influir en el uso de la tierra y en el cambio climático.

Durante los acontecimientos de corta duración, como la peste negra y la caída de la dinastía Ming, el crecimiento de los árboles no fue suficiente para contrarrestar las emisiones normales. Sin embargo, durante la conquista de América y la invasión mongola sí hubo tiempo suficiente, de hecho según los científicos este último es el único acontecimiento histórico que pudo tener un efecto sobre el clima mayor que la deforestación constante de la superficie terrestre antes de la revolución industrial, pudo producir una disminución neta del dióxido de carbono cifrada en 700 millones de toneladas de carbono, equivalente a la actual demanda anual de gasolina en el mundo. Sin embargo, el estudio concluye que es tan poca cantidad que no se puede detectar en los testigos de hielo.

Una investigadora observa un testigo de hielo obtenido
a 500 metros de profundidad en la Antártida. (El Pais)

Es evidente que un resultado indiscutible de la guerra es que se elimina a un grupo de personas de la población, y una vez que ese grupo de personas desaparece ya no son capaces de recolectar recursos y se da a la naturaleza un mayor tiempo de recuperación. Todo se reduce al balance relativo entre las personas y los árboles: cuando una guerra brutal y devastadora reduce significativamente la población humana, los bosques tienen la oportunidad de volver a crecer y absorber dióxido de carbono, mitigando el efecto invernadero.
Gengis Khan arrastra la fama de ser uno de los más crueles conquistadores de todos los tiempos, algo que difícilmente se olvidará pese a la involuntaria consecuencia “verde” de sus invasiones.

Pongratz esperaba que su investigación pudiera conducir a un cambio en el uso del suelo y que algún día estos estudios cambiaran la forma en que los investigadores analicen la tasa de nuestro impacto ambiental en el planeta.

Bibliografía.

Pongratz, Julia ; Caldeira, Ken ; Reick, Christian H. Claussen, Martin. (2011). Coupled climate-carbon simulations indicate minor global effects of wars and epidemics on atmospheric CO2 between ad 800 and 1850. Holocene, 21(5): 843-851.

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