En el desarrollo de (casi) todo humano llega un momento en el que la leche le sienta mal, no la digiere con facilidad, llega a causarle diarrea e incluso fuertes dolores. ¿Cuándo y por qué ocurre esto? Tras el destete se supone que nuestro organismo no tiene la “necesidad” de digerir la leche puesto que deja de ser el alimento principal y el gen que expresa la lactasa deja de hacerlo, el problema radica en que sin la enzima lactasa no se puede metabolizar la lactosa, el principal azúcar de la leche.

Hace aproximadamente 10.000 años comenzó la domesticación de animales y plantas trayendo consigo un cambio cultural y tecnológico que produjo fuertes cambios en nuestro desarrollo. Al domesticar animales que producían leche hubo una fuerte presión evolutiva que favorecía a aquellas personas que tenían la capacidad de metabolizar la lactosa en la edad adulta, dicho de otro modo: si eras de los que tenían la mutación genética que te permitía seguir expresando lactasa estabas de suerte puesto que podías seguir alimentándote de leche. Con el tiempo dicha adaptación se vería favorecida y aumentaría su frecuencia en la población.

Ahora bien, al comienzo del primer párrafo escribí “(casi) todo humano” y esto no es por casualidad. A lo largo de nuestro reciente pasado evolutivo han aparecido, como mínimo, cinco mutaciones genéticas que alargan la actividad de dicho gen. Se ha podido establecer que tres de ellas se originaron en diferentes regiones del África subsahariana (región de pastoreo), la cuarta procede de Arabia y la quinta, y mayoritaria, se mantiene en poblaciones que ocupan desde Irlanda a la India. Esta última surgió hace aproximadamente 7.500 años en los pastores de una región de Europa central. Como se puede ver en la imagen inferior, actualmente la persistencia de la lactasa tiene sus picos más altos de frecuencia en el norte del continente (0.89-0.96 en las Islas Británicas y en Escandinavia) y muestra un decrecimiento (0.15) en regiones del este del Mediterráneo. En España ronda entre el 0.5 y el 0.6, por lo que la mitad de la población (como poco) posee la enzima lactasa en la edad adulta, es decir, son tolerantes a la lactosa.

Frecuencia del fenotipo de persistencia de la lactasa (Tomado de Leonardi et al., 2012)
Frecuencia del fenotipo de persistencia de la lactasa (Tomado de Leonardi et al., 2012)

 

Ahora bien, pese a que la frecuencia de personas intolerantes a la lactosa es alta parece que está proliferando el miedo irracional a la lactosa, por lo que mucha gente piensa que es intolerante cuando simplemente han sucumbido a la mala fama de la leche causada por los medios de comunicación. En 2006, la Sociedad Americana de Nutrición (American Society for Nutrition)  llevó a cabo un estudio en el que evaluaban los síntomas que aparecen tras la mala digestión de la lactosa (flatulencia, diarrea, dolor abdominal…) en pacientes que consumían leche y otros placebo. Llegaron a conclusiones interesantes pues vieron que los síntomas gastrointestinales comunicados por aquellos sujetos con intolerancia después de consumir una cantidad aproximada de 12g de lactosa, equivalente a una taza de leche, no fueron diferentes a aquellos que tomaron el placebo. También advirtieron que la dosis de lactosa que da lugar a los síntomas en la mayoría de intolerantes a la lactosa es de unos 25g (2 tazas de leche), mientras que dosis inferiores a 12g no son perceptibles. Es decir, no pasaría nada por tomar un café con leche al día aunque te hubieran diagnosticado intolerancia a la lactosa.
Es más, en otra investigación llevada a cabo en 2010 publicado en la revista Clinical Gastroenterology and Hepatology, observaron que pese a que la deficiencia de lactasa en adultos es relativamente común entre la población occidental, la deficiencia de la enzima y la intolerancia a la lactosa sintomática no están estrechamente correlacionadas. De hecho vieron cómo los sujetos del experimento percibían con más intensidad los síntomas al tomar leche en su casa que en el hospital donde las dosis eran mucho más altas, esto podría deberse a que los síntomas que creen relacionados a la lactosa se agravan por el ambiente en el hogar o, más probablemente, no se deban a la mala absorción de lactosa, sino a otra causas.

Ultimamente existe mucha desinformación con este tema, probablemente inflada por el marketing (incluyendo comentarios que aluden a que la leche sin lactosa ayuda a la buena digestión aunque no seas intolerante, algo totalmente erróneo puesto que si no posees intolerancia a la lactosa no has de tener ningún problema) y las empresas lacteas a las que las viene estupendamente vender leche sin lactosa, de soja, de avena… puesto que si os fijáis en los precios de estos productos, son mucho más elevados, y si encima nos lo venden como la panacea contra la mala digestión que produce la leche, ya tienen el negocio hecho. Probablemente lo mejor sea no dejarse llevar por el pánico, informarse mejor y no condenar la leche por motivos equivocados.

Referencias:

Monográfico Evolución: La Saga Humana. Investigación y Ciencia. Noviembre 2014, nº 458.

Savaiano, D.A., Boushey, C.J., McCabe, G.P. 2006. Lactose Intolerance Symptoms Assessed by Meta-Analysis: A Grain of Truth That Leads to Exaggeration. J. Nutr. 136: 1107–1113.

Casellas, F., Aparici, A., Casaus, M., Rodríguez, P., Malagelada, R. 2010. Subjective Perception of Lactose Intolerance Does Not Always Indicate Lactose Malabsorption. Clinical Gastroenterology and Hepatology, 8: 581–586

Leonardi, M., Gerbault, P., Thomas, M.G., Burger, J. 2012. The evolution of lactase persistence in Europe. A synthesis of archaeological and genetic evidence. International Dairy Journal, 22:88-97.

http://elpais.com/diario/2006/12/27/futuro/1167174004_850215.html

http://www.unav.es/acienciacierta/genome/lactosa.html

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